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feb 10, 2015

Etiquetas de vino: los buenos diseños venden

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Para un diseñador gráfico una etiqueta de vino es un gran lienzo donde expresar y comunicar una ilimitada lista de ideas, pensamientos e imágenes, sugiriendo sensaciones que ese vino en especial nos quiera transmitir.

Durante estos 10 últimos años hemos podido presenciar un gran cambio en el diseño de etiquetas de vino, ya sea como consecuencia de una gran competencia en el mercado, o debido al objetivo común de los productores de vino y bodegas de captar futuros y más jóvenes consumidores, desprovistos de unos códigos preasumidos dentro de un mercado más visual.

La muestra: las grandes dosis de creatividad y sensibilidad que podemos encontrar envolviendo un maravilloso vino. Existen etiquetas troqueladas, envueltas en papel y cuerda, serigrafiadas, pintadas, viniladas… una infinidad de técnicas de impresión para poder expresar y evocar.

El vino, producto cargado de costumbres y tradición, se ha adaptado a los nuevos tiempos: los castillos, banderas heráldicas, cepas, botas de vino y tipografías clásicas han dado paso a los personajes de cuento desvergonzados, a puños en un ring, o a peces encima de bicicletas. Una tendencia más ilustrativa, fotográfica y desenfadada que comenzó a cambiar a finales de los años 80 y que diseñadores como Xavier Bas, con la renovación de una imagen muy tipográfica de “Raventós i Blanc”, o Fernando Gutiérrez más tarde, con la gráfica creada en 2003 para “Dehesa Galgo de Telmo”, marcaron un punto de inflexión.

Es obvio que el diseño no hará que el contenido de la botella sea mejor, pero puede condicionar a la hora de elegir. Existe una actitud de cambio no solo en el diseño, sino también en la estrategia y filosofía empresarial, donde las nuevas bodegas se pueden permitir ser mucho más transgresoras y atrevidas, despojadas de los clasicismos del vino para captar nuevo público.

El trabajo más complicado para el diseñador es cambiar una marca ya establecida con un público más tradicional. Un claro ejemplo son Las Bodegas Torres que han optado por tener dos gamas, una destinada a un público más tradicional con códigos estéticos, tipográficos y cromáticos tradicionales y una gama para captar nuevo público.

En Vis-tek hemos crecido con todos estos condicionantes, rediseñando durante años las etiquetas de vino de una pequeña bodega del Penedés: Ferré i Catasús.

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En 2011 nos propusieron el rediseño de un vino blanco y otro tinto, desprovistos de identidad. El cambio de naiming, muy importante en la sociedad y en su memoria, así como la imagen ilustrativa de sus personajes hizo que los vinos de Ferré i Catasús triplicaran sus ventas.

No sabemos lo que nos depara el futuro en este sector, pero de lo que estamos seguros es de que las bodegas han encontrado en los estudios y diseñadores una gran aliado para expresar un trabajo cargado de tradición, y sobre todo de sentimiento.

 

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